viernes, septiembre 11, 2009

No hay tiempo de más.

Ante un corazón que vive recordando momentos hermosos; que late por una mujer que ya no le pertenece. Y bombea sensaciones dignas de ser consideradas potentísimos alucinógenos... no queda otra posibilidad que rellenarlo con odio y rencor; que la sangre sea ahora negra; negra como el petróleo y densa como tu orgullo; para prenderle fuego y de una vez hacer arder tus hermosos pero maléficos recuerdos.

lunes, agosto 31, 2009

La extinsión del universo.


Si al pasar el tiempo el big-bang se arrepintiera y comenzara a retroceder;
si a causa de esto el universo se recogiera y por ello todo en la tierra se aproximara
y quedásemos cara a cara, uno frente al otro,
y volviéramos a sentirnos uno… detendríamos la catástrofe.
Pero si quedásemos como dos extraños que alguna vez se amaron
ni el mismísimo Dios podría detener la extinción del universo.

martes, junio 02, 2009

Según San Mateo


Evangélicos ignorados en un tablero de ajedrez.


  “Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.  Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos; Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación; Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad; Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

  Se encontraban en una banca próxima a los evangélicos dos Bienaventurados: eran vagabundos. Uno se encontraba completamente acostado; el otro, en empeñosa tarea de despertarlo. Los pastores seguían sermoneando bajo la luz de un farol con la ayuda de un micrófono conectado a un parlante arcaico a todo volumen que seguidamente se acoplaba. Eran de la Iglesia Metodista de Santiago. Tres hombres apolillados por el tiempo vestidos de terno y biblia en mano.

  Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia; Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios; 

  Los peones se desplazaban lentamente por los tableros de ajedrez en la pérgola que se encontraba solo a quince pasos del parlante. En su mayoría ancianos, jugaban sin mostrar distracción probablemente por una sordera que se justificaba por los años o porque sencillamente no eran Bienaventurados. La guerra entre caballos, alfiles, torres y peones no daba para tregua ni mucho menos para sermones.

  Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

  La gente transitaba normalmente. Nadie les prestaba la más mínima atención, como si no existieran, como si ese maldito parlante estuviese desconectado. Había bastante gente sentada en las bancas. Algunos leyendo, conversando, otros simplemente con la vista perdida en algún punto y más vagabundos impregnados de mugre, como si estuvieran vestidos con túnicas del smog capitalino. De ellos, los dos Bienaventurados, próximos a los evangélicos se encontraban en una batalla desigual. El que dormía se limitaba a defenderse de los feroces golpes de su colega. Eran golpes tremendos, que sin duda lograron despertarlo, con una muleta que simulaba un arma letal, se veía encolerizado diciéndole palabras al oído en un idioma corrompido por la pobreza.

  Los tres pastores no se inmutaron ni intentaron intervenir, se limitaron de seguir con su palabra para sus fieles imaginarios:

  y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;

  Fue exactamente lo que pasó. El gran vencedor marchó victorioso con la frazada simulando una capa de terciopelo robada a un rey en jaque mate.

 

  Frente a la catedral otro rey se encontraba en una difícil situación. Se trataba de “el Loco Freddy”. Un hombre de unos cuarenta años; de pelo negro opaco, con la clásica “pichanguera” del callejero santiaguino, con rasgos mapuches, pómulos carnosos, ojos achatados y de gruesa piel morena que difícilmente permitiría esbozar un gesto distinto a una sonrisa. No es ni muy bajo ni muy alto, tiene la altura precisa para moverse ágilmente entre la multitud que lo circunda y no ser visto desde lejos.

  El Freddy se encontraba en jaque. Acorralado de peones y peonas de todas las edades expectantes de la movida del contrincante sitiado. Fue entonces que acertó. Hubo risas, muchas, quizás demasiadas por una broma tan mala. El ahora gran humorista comenzó a abrirse camino. Ya no corría peligro de perder la batalla, si incluso parecía estar a tablero lleno, armado hasta los dientes claro que de chistes. Todos reían pero pocos soltaban “la cooperación” en el sombrero negro, viejo y desgastado destinado para ello. Quizás dentro de la Catedral si lo hacían al momento del ofertorio.

  En calle catedral había un número no menor de piezas peruanas, lejanas a su tablero y sin mayor protección que ellos mismos. Hablaban su idioma bien modulado, con su propia jerga para no ser entendidos por los transeúntes mientras comían y  fumaban. El olor del tabaco ayudaba a neutralizar la pestilencia que reinaba pero no lo suficiente para lograrlo por entero. Se veían acorralados contra la muralla de la catedral como si en la  vereda del frente hubiese un pelotón de fusilamiento con las armas ya cargadas y un gatillo que no oponía ningún tipo de resistencia. Un jaque innegable  que sin embargo no espantaba. Seguían en lo suyo, como si la calle Catedral se tratase de una pequeña Lima, con centros de llamados, restoranes de comida peruana y discotecas como “La Conga” en donde se podía conseguir un buen rato con alguna jugadora[1]. La única movida que constantemente realizaban era poco a poco, con calma pero siempre a paso rápido, escabullirse de investigaciones y carabineros “pues” muchos eran ilegales, porque esa pequeña calle por más que quisieran seguía siendo chilena. Lamentablemente sus facciones los delataban, eran absolutamente reconocibles: pelo negrísimo y grueso similar a la virutilla, de tez caoba, bajo porte y ojos asiáticos.

   Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Se podría haber escuchado decir a los Evangélicos porque el sermón de aquel domingo correspondía a Mateo, 5 y como sigue en su versículo veinticinco Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

  Era un día triste en plaza de armas. Un día nublado, grisáceo que no invitaba a las palomas a caminar por el cemento, quizás no lo hacían porque también detestan a los evangélicos, lo cierto era que se las extrañaba. El animal que destronará al cóndor del escudo patrio; un pájaro que limosnea pan de forma colectiva sin temer a la muchedumbre ni a los turistas que sin duda representa mejor a nuestro Bienaventurados que el fiero y majestuoso carroñero oriundo de Chile que recuerda tiempos gloriosos de una tan lejana guerra del Pacifico pero que hoy ya no se podían encargar de vencer a las piezas peruanas de la calle Catedral. 

   Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

  Quizás si no se hiciera oídos sordos al parlante roñoso de tres fanáticos religiosos ubicados bajo la luz de un farol la vida sería mejor; quizás si se hiciera caso no habría necesidad de juntarse en la pérgola a librar enfrentamientos eternos entre tropas negras y blancas; no habría persecución ni discriminación a los inmigrantes del norte; podría ser que el sombrero del artista se llenara de reconocimiento y gratitud; que los lanzas devuelvan lo robado; que no se odie a los diferentes ni se repudie a nuestras palomas encarnadas en  hombres Bienaventurados. De verdad que sería maravilloso pero mejor que no; sería atentar contra nuestra idiosincrasia ajedrecista de estar juntos pero no revueltos, negros y blancos, ricos y pobres,  mapuches y políticos, chunchos y albos siempre en constante batalla.

  Los evangélicos proclamaban la palabra de Dios con un fanatismo que aterra a quienes se tomen el tiempo de escucharlos y a los niños que pasan con sus globos de helio. Dentro del perímetro hay muchos lugares donde poder emborracharse y seguramente por ahí, a un par de cuadras dos bienaventurados son protagonistas de un dialogo fermentado por tanto tomar:

-¿Querís más sangre de Cristo weón?

-¿Y a vo’ qué te pasó? Parece que escuchai mucho a los evangélicos de la Plaza de Armas.

-¿estai enfermo del mate? Si yo voy a lanzarles el cuerpo de nuestro Señor a las palomas no más. Y las risas burlescas brotaban de las pestilentes gargantas como si se tratasen de vómitos provocados por un mareo a base de sermones insoportables de hombres que rayan entre el fanatismo y la locura.



[1] término empleado en Perú para referirse a las mujeres promiscuas.

domingo, mayo 10, 2009

FUMANDO

Fumaba su cigarrillo: se lo aproximaba a los labios; aspiraba; retenía el humo un momento; observaba el paisaje; abría la boca; movía las mandíbulas; argollas por los aires; el humo reinaba la escena; se cae la ceniza… todo en silencio. Aparece ella; se aproxima; le arrebata el cigarrillo; lo observa minuciosamente; queda menos de la mitad; lo acomoda en sus labios; aspira largamente; el cigarrillo se consume hasta su mínima expresión; lo queda mirando fijamente; por la nariz se libera teñido de perfume; vuelve a reinar el humo… pestañea; le quita el cigarrillo y nuevamente los labios reciben al filtro de algodón. Esta vez  manchado de rojo, sin tabaco y con el filtro agonizando.

viernes, marzo 13, 2009

Pronostico

Siempre he tenido la manía de ver cómo estará el tiempo en Santiago; para ello, suelo sintonizar el matinal antes de emprender mis quehaceres para así estar lo mejor preparado posible y evitar problemas. El pronóstico no era de mi agrado: fuertes precipitaciones; y yo no estaba precisamente dispuesto a mojarme pero bueno… que se le va hacer… el meteorólogo rara vez se equivoca por lo que afronté su videncia con desgracia. “fuertes precipitaciones”…fui a mi closet resignado y escogí entre mis abrigos el más voluminoso pensando que sería una excelente arma contra la lluvia y el frio. Luego de ducharme ella me llama; su voz estaba teñida de una extraña inquietud y que por cierto me producía una sensación extrañísima de desconfianza. Me propuso que nos juntáramos en el parque. No me negué, de hecho no tendría por qué hacerlo si la amaba; sería a eso de las tres en teoría –y solo en teoría—en punto.

Abrí la puerta de mi casa y lo primero que me llamó la atención fue lo despejado que se encontraba el cielo, pero si el señor del tiempo había pronosticado lluvias es porque lluvias habrán así que por muy ridículo que parezca salí a mi encuentro, a pleno sol, con mi abrigo puesto mientras pensaba que por muy gracioso que me viera no serían ellos sino yo quien se reiría al momento en que la lluvia precipite sin aviso; la esperaba con ansias, de hecho necesitaba que lloviera pronto para dejar lo patético, pero no llovía…

La encontré sentada en una banca con la vista perdida en una paloma. Me acerqué a saludarla con el propósito de besarla pero justo en ese instante se levanta súbitamente y por primera vez en mi vida fui vidente: predije exactamente lo que ella me dijo a tal punto que podríamos haberlo dicho al mismo tiempo, pero mantenía la esperanza que no pronunciara esas palabras que resultan ser más mortales que el cianuro.

Ella fue breve, me dijo que nuestra relación no daba para más, que ya no sentía mariposas en el estomago (seguramente porque ninguna mariposa soportaría convivir con productos dietéticos) y todas esas frases lindas pero horribles. Creo que sería imposible plasmar en que segundo se desgarró mi corazón; poca importancia tiene ahora que lo he zurcido no con hilo sino que con la más bella de las mujeres pero esa es otra historia que no vale la pena integrarla a esta.
No le respondí nada, mi rostro intentaba no desfigurarse y mantenerme duro. Me propuso que siguiéramos siendo amigos y eso realmente me molestó, le dije: “nuca hemos sido amigos porque nunca tuve ese rol, yo era tú y tú eras yo, ahora tú serás tú y yo seré yo; sería imposible para mi ser amigo tuyo porque no sabría cómo” y me fui mientras sentía como traspiraba por culpa del maldito meteorólogo y sus erradas profecías.

Ya de noche, acostado y tratando de dormir fue cuando me percaté que estaba lloviendo. El meteorólogo no había errado, llovió toda la noche y no dejo de llover en las tres semanas siguientes. El meteorólogo no había errado… ¡no había errado! deseaba con toda mi alma que dejara de llover; y todo porque nunca mencionó quien llovería que no le creí.

jueves, marzo 05, 2009

Su licencia de conducir

aterrado abro mi billetera sacando todo tipo de cosas esperando inútilmente dar con mi licencia en el menor tiempo posible; el paco con su vista puesta en mis manos que escudriñan mi pobre billetera me hacen ponerme más nervioso de lo que me encuentro; por fin la encuentro y con un aire victorioso y con una condición fingida de lucidez se la muestro: “aquí la tiene señor”

-déjeme ver… al parecer todo en orden pero muéstreme los documentos de su auto.

-deme un minuto-nervioso, sin saber donde mi hermano guardó los documentos trato de actuar de la manera más creíble de sobriedad, aquí están- le digo.
-bien…al parecer se encuentra todo al día.

Lo que no sabía el maestro de la ley es que me encontraba en un estado de ebriedad impresionante y que sería motivo de un parte de magnas dimensiones. Probablemente lo sabía pero recordaría su juventud cuando en una noche estrellada se encontraba con una reina de belleza estacionado en el vehículo de su padre con una caja de preservativos listos para ser implementados con el miedo de ser descubiertos empapado de la más sombría oscuridad de Santiago.

-sabes muchacho, no está mal disfrutar de la existencia, lo que es verdaderamente un error es hacerme venir hasta aquí y revisar tus papeles.

Sin vacilar le dije: “pienso que el que usted venga hacía donde yo me encuentro es un acontecimiento mágico, el cual desborda en el miedo y la felicidad. El miedo en que me saque un parte y en la felicidad de descubrir que pese a que usted es una autoridad comprende que yo al igual que usted compartimos un momento en el cual ambos descubrimos que ambos somos frágiles; por un lado yo al sentir miedo y respeto ante usted quien tiene la potestad de imponerme una multa y de usted que comprende que la vivencia es única y vivir el momento al igual que usted lo hizo en sus años pasados es fundamental para crecer. Le agradezco de todo corazón esta visita tan inesperada que resultó tan gratificante; por esto quisiera convidarlo a una lata de cerveza y hacer un salud por la vida.

-tengo unas cervezas que confisque hace un rato. ¡SALUD!

martes, noviembre 04, 2008

Bon voyage: un viaje fantastico

6:00 AM y ya vienen a joderme para que me despierte; me despierto, me ducho y me marcho rumbo a la universidad. Todo indicaba que sería un martes cualquiera, tuve las respectivas clases, las respectivas ventanas y por supuesto los respectivos malos ratos; pero el destino había echado sus cartas: en el momento en que decidí irme en micro y no a ‘dedo’ como lo hago en algunas ocasiones.

Llegué a la estación de metro Grecia sin mayores inconvenientes y sin perder tiempo me dirigí a tomar el metro que me llevaría hasta Tobalaba. No pasó nada interesante en el trayecto Grecia-Tobalaba; si ocurrió en Tobalaba-Los leones. Sucede que íbamos como sardinas y en eso se sube el típico ejecutivo con maleta, engominado y fiel a su celular. Este personaje de lo más particular parecía estar bailando, mas, cuando abrieron las puertas del vagón el tipo comenzó a vomitar: el vomito estaba danzando en sus entrañas y sin embargo esperó caballerosamente a la próxima estación para evacuar no tan caballerosamente.

Reaccioné de inmediato. Salí disparado no por asco ni temor a impregnarme de olores nauseabundos sino porque efectivamente mi lugar de destino era Los leones. Una vez allí y con la imagen fresca del incidente se me ocurrió ir a almorzar—puesto que no había almorzado y eran como las cuatro—al Mc’Donnalds lugar favorito de este humilde escritor. La comida ni hablar…un verdadero lujo, al parecer ese día habían recién cambiado ese aceite negro que se conserva durante meses sin otro fin que colesterilizar la comida por uno mucho más puro y noble; pero resulta que estaba repleto, ningún lugar para sentarme. Me detuve un instante con bandeja en mano en busca de algún sitio y fue entonces que descubrí la existencia de un tercer piso, sin titubear subí las escaleras y para mi sorpresa ¡había un asiento! Me senté cómodamente y comí ‘como suelo hacerlo’ pero me detuve a tomar un poco de bebida y en eso alzo la vista y me encuentro ante mí un ventanal que trasluce la existencia de un sex shop. ¡Un sex shop en las alturas del Mc’ Donnalds!

Como si todo esto fuera extraño, lo mejor ocurrió en la micro que se demoró pero al menos me recibió con asientos así que tome asiento y esperé la verde; llegó la verde y comenzó todo, la micro iba a una velocidad prudente pero al parecer no poseía ruedas ¡si no resortes! tenía a todos los pasajeros saltando como endemoniados constantemente y al principio fue molesto pero con el transcurso del viaje resultó ser irrazonablemente divertido; ver las expresiones, cuanta altura alcanzaban las personas cercanas a uno, las sacadas de cresta, las risas y sonrisas por doquier… ¡era un circo en movimiento con acróbatas improvisados y lindas bailarinas que se intentaban sentar! Pero la función aun no comenzaba. A la altura del Apumanque se suben dos artistas del más alto calibre: “Jorgito” quien tocaba una melódica y su acompañante que lo seguía fiel con la guitarra de palo carcomida de tanta trayectoria. Ambos, al son de los continuos saltos efectuados por la micro y de las risas y sonrisas de los pasajeros interpretaban su arte. Jorgito tomaba impulso y corría por los pasillos como todo un rockstar mientras sostenía con su boca el instrumento y deslumbraba a la multitud. Algunos intentaban aplaudir, mas, los constantes terremotos lo impedían porque viajábamos en un terremoto a causa de los resortes que sustituían a las ruedas de caucho.

La alegría a flor de piel y sin dudas que se hubiesen escuchados más aplausos si uno lograra mantenerse firme a su asiento; algunos osados sin importar una dolorosa caída tomaron el riesgo y aplaudieron. El espectáculo había llegado a su final y con ello el respectivo—y esta vez merecido—“sermón de una pequeña colaboración” mientras lo decía a voz firme y fuerte nuestro guitarrista yo pensaba en como lo haría Jorgito para que no se le cayeran las monedas porque sin duda que recibiría muchas y sería una tarea difícil recolectarlas sin que el constante sismo impidiera lo contrario; entonces abrí mi monetera –llamada así por carecer constantemente de billetes—y le di $150 que era todo lo que tenía.

Los invito a que viajen en micro; quién sabe cuántos Jorgitos, micros saltarinas y oficinistas vomitones existen en santiago, por mi parte recordaré este viaje fantástico lleno de alegría por mucho tiempo a menos que el dolor de espaldas se me pase antes.